Cien años de don Lorenzo Milani
Pedagogía de la Palabra
ARTICOLI
Davide Amori
5/27/202311 min leer


Párroco radical, intransigente y comprometido, siempre del lado de los pobres, de los últimos, de una clase social condenada a llorarse a sí misma, porque, más allá de las declaraciones de fachada, de las buenas intenciones y, en general, del buen pensar, muy pocos se habían interesado realmente por ellos. Esta es, sin duda, una descripción limitada de una de las figuras educativas y eclesiásticas más importantes del siglo pasado: don Lorenzo Milani. A cien años del nacimiento de esta personalidad original, resulta agradable detenerse en los recuerdos que decidió regalarnos. Don Lorenzo nació el 27 de mayo de 1923 en Florencia, hijo de Albano Milani y Alice Weiss, esta última de origen judío. Procedía de una culta familia burguesa. En 1930 se trasladaron a Milán, donde Lorenzo inició los estudios clásicos. En 1941 comenzó también a dedicarse a las artes pictóricas en la Academia de Brera. El agravamiento de las tensiones sociales dentro de la política italiana, la ideología racial y, en general, el constante desprecio hacia los judíos habían llevado ya a la familia Milani a convertirse al catolicismo. De este modo pensaron, con razón, poder escapar a las persecuciones que se estaban perpetrando en aquellos años. En el otoño de 1942, por motivos relacionados con la guerra, la familia Milani regresó a Florencia. En ese período Lorenzo conoció a una figura decisiva para sus futuras decisiones vitales: don Raffaello Bensi. A partir de este encuentro, y quizá también por su creciente interés por el arte sacro, don Lorenzo comenzó a apasionarse por el estudio del Evangelio. Bajo la guía de don Bensi, que sería su director espiritual hasta la muerte, decidió ingresar en el seminario en 1943. Cuatro años después fue ordenado sacerdote. En octubre de 1947 fue nombrado capellán en San Donato de Calenzano, donde fundó una escuela nocturna destinada a las clases más humildes de su parroquia: obreros y campesinos. Sin embargo, a raíz de algunos conflictos entre él y ciertos ambientes diocesanos, recibió la orden de dejar San Donato de Calenzano para trasladarse a la remota Barbiana en noviembre de 1954. Este acontecimiento resultó profundamente significativo para don Lorenzo. De las cartas de aquel tiempo se desprende, en efecto, una extrema melancolía, casi una sensación de abandono, a la que, sin embargo, responde proclamando sistemáticamente su amor total por su familia Iglesia. Emblemática, en este sentido, es una carta enviada a don Raffaele Bensi, en la que le dirige un sentido ruego: “[…] Le ruego que no vuelva a hablar ni conmigo ni con otros de esta parroquia como si fuera un banco de pruebas provisional en espera de otra cosa […] Yo la obediencia la hice de una vez para siempre y basta.”1 “Son golpes que se pueden soportar una vez en la vida y nada más. De San Donato me fui porque tenía pecados que pagar, pero aquí intentaré no cometerlos para que nadie me saque de nuevo. Y si por desgracia me arrancaran también de esta parroquia, esté seguro de que no aceptaré ninguna otra ni ningún otro encargo […] No se puede jugar con los nervios de la gente como si fueran fichas de damas. Ni con la vida de un hombre y sus afectos como si fuera un animal de experimentación […]”2. En Barbiana, sin embargo, don Lorenzo mostró un extraordinario deseo de entregarse. En mayo de 1956 dio vida a una escuela de iniciación profesional para los primeros seis chicos. Mientras tanto, el sacerdote había comenzado la redacción de una de sus obras más controvertidas: “Experiencias pastorales”. Se trata de un escrito caracterizado por el lenguaje típico de don Lorenzo, el de quien no acepta un “no” como respuesta, el de quien corta de raíz comportamientos ambiguos o no posicionados frente a los últimos, aquellos protagonistas del Evangelio que él reconoce en los pobres, en las personas sin instrucción, en la clase obrera pero también, y sobre todo, en los desdichados campesinos de Barbiana, que son los pobres de todo el mundo, los “oprimidos”, término tan querido por otro pedagogo que, en aquellos mismos años, partiendo de Recife, en Brasil, fundará un auténtico fenómeno pedagógico mundial: Paulo Reglus Neves Freire. La lucha de clases, en efecto, parece emerger de la acción pedagógica de don Milani, pero no puede entenderse como intrínsecamente agresiva ni orientada al espíritu revolucionario incendiario experimentado, por ejemplo, en muchos países soviéticos. La revolución de don Lorenzo es pacífica; al contrario, se esfuerza por crear una sociedad más justa para evitar mayores conflictos en el futuro. Se lee en una carta: “Querida señora […] aquella escuela nocturna […] ha sido siempre la obra en la que he puesto más esperanzas. Más necesaria que el pan. Instruir a los ignorantes, quitar el óxido a tantas hermosas inteligencias embrutecidas por el trabajo y la inferioridad social. Extender a todos el privilegio más celosamente guardado de los hijos de los ricos porque es la llave de toda conquista. Intentar prevenir la revolución sangrienta con una revolución voluntaria e interior. Construir las premisas intelectuales para la renovación religiosa en un mundo de pobres que ya no vive una vida cristiana simplemente porque su vida ya ni siquiera es humana […] Confío en que hoy sabrá con igual previsión ayudar a la revolución para que llegue y para que sea cristiana [...]”3. En este extraordinario documento observamos el emblemático impulso del sacerdote, impregnado de un espíritu de humanización no siempre perfectamente medido, pero sin duda extremadamente decidido y claro en sus intenciones. Emerge con fuerza el vínculo imprescindible entre el compromiso evangélico y el pedagógico. Ambas dimensiones parecen cada vez más unidas de manera indisoluble, casi catártica. A este respecto resulta útil consultar una carta dirigida al sustituto fiscal del tribunal de Florencia, Giampaolo Meucci, quien en 1966 será nombrado presidente del Tribunal de Menores de la misma ciudad: “[…] quédate encerrado en tu alto reino y sigue escribiendo revistas bellas, inteligentes y buenas como considero la vuestra. Pero yo, con tu permiso, seguiré pensando que una hora de mi escuela en Barbiana vale más que doce en manos de todos los intelectuales de Italia. No porque yo valga más que vosotros, sino porque vale más el público que he elegido [...]”4. Como se decía, también en este caso el sacerdote no ahorra palabras duras, aunque con tono irónico, hacia su amigo intelectual, culpable —desde su punto de vista— de dedicarse antes a los suyos que a los últimos. Dirigida a Meucci existe también otra importante carta de la que hoy disponemos, de la cual puede extraerse el núcleo de la misión evangélica y pedagógica de esta personalidad: “[…] En definitiva, eres benemérito de la llegada del Reino de Dios, que ciertamente vendrá por medio de la escuela, y por ello te doy las gracias [...]”5. Al mismo tiempo, como se ha dicho anteriormente, don Milani dedicaba un decidido esfuerzo a la redacción de su obra “Experiencias pastorales”. La obra debía ser una contribución al diálogo dentro de la teología pastoral. En ella, don Lorenzo había volcado un significativo esfuerzo teológico, acompañado, sin embargo, de su característica exposición narrativa, hecha de términos duros, al límite de la provocación. Esto provocó el descontento de una amplia mayoría de párrocos e intelectuales, hasta el punto de que, a pesar de que el libro recibió el imprimatur del cardenal Elia Dalla Costa y fue enriquecido con una destacada introducción del cardenal de Camerino, monseñor D’Avack, fue retirado del comercio por decreto del Santo Oficio en 1958 al considerarse una lectura inoportuna. De nada sirvieron los esfuerzos de don Lorenzo por explicar que el libro, aun siendo provocador en algunos pasajes, permanecía fiel a la ortodoxia y pretendía describir un método útil en un lugar y un tiempo muy concretos, sin la pretensión de asumir un carácter universalista, como reafirma expresamente en una carta a monseñor D’Avack al resumir el tono de las reacciones provocadas por la obra: “[…] En otras palabras, no me arrepiento de haber publicado el libro y espero que usted no se arrepienta de haberlo comentado. Esto no significa que, si pudiera volver atrás, no quisiera cambiar algunas cosas. Por ejemplo, me gustaría aclarar de modo aún más inequívoco de lo que ya está aclarado que no pretendía hacer un tratado de teología pastoral con valor de ley para todas las latitudes y circunstancias. Mi atención estaba concentrada en un horizonte mucho más reducido [...]”6. Al dolor por las críticas recibidas a causa de su obra se añadió, en diciembre de 1960, el físico. En una carta a Gostino, su alumno, se lee por primera vez: “En estos días todos hemos estado recogiendo aceitunas […] Yo he tenido que dejarlo porque estoy enfermo.”7 Tristemente, los acontecimientos que siguieron fueron casi siempre funestos para el prior. En octubre de 1960 escribió, junto con don Bruno Borghi, una carta para solicitar aclaraciones sobre la decisión repentina del cardenal Florit de destituir a monseñor Bonanni de su cargo de rector del Seminario Mayor de Florencia. La misiva, dirigida a sus hermanos sacerdotes de la diócesis, estuvo marcada por el conocido tono áspero que solía emplear ante aquellas situaciones que consideraba injustas. La reacción que ambos esperaban, sin embargo, no se produjo. El clero de la diócesis de Florencia prefirió evitar agravar ciertas fracturas. El resultado fue que el cardenal Florit adoptó una postura aún más rígida, llamando al orden a don Lorenzo y a don Bruno según el principio de obediencia y declarando su decisión contraria al espíritu sacerdotal.8. En el clima extremadamente tenso de aquel período debemos situar uno de los acontecimientos más importantes en la vida de don Lorenzo: la publicación de la carta a los capellanes militares. El 11 de febrero de 1965 algunos capellanes militares florentinos aprobaron una controvertida moción que declaraba la objeción de conciencia “un insulto a la patria y a sus caídos […] ajeno al mandamiento cristiano del amor […]”.9.La crítica de don Lorenzo fue dura y, por momentos, feroz. Primero, como solía hacer, planteó la cuestión a sus alumnos y, tras debatirla largamente, comenzó la redacción conjunta del resultado de sus reflexiones. Las tesis sostenidas en la carta abarcaban diversas cuestiones: desde el tema ético de la objeción de conciencia hasta la reflexión jurídica sobre los principios de legitimidad constitucional. Desde el punto de vista pedagógico resulta emblemático un fragmento concreto de la misiva: “[…] Si vosotros tenéis derecho a dividir el mundo en italianos y extranjeros, entonces os diré que, en vuestro sentido, yo no tengo patria y reclamo el derecho a dividir el mundo en desheredados y oprimidos por un lado, y privilegiados y opresores por otro. Los unos son mi patria, los otros mis extranjeros”.10. Este pasaje resulta particularmente sugerente si se tiene en cuenta que, varios años antes, se abordaba el tema de la lucha de clases desde un punto de vista pedagógico que, en 1971, Paulo Reglus Neves Freire presentaría al mundo con “Pedagogía del oprimido”. Evidentemente, la lucha de clases no era un tema nuevo para la pedagogía; sin embargo, resulta especialmente significativo que, con no pocos años de antelación, don Milani anticipara el mismo lenguaje y las mismas temáticas de uno de los grandes autores del siglo pasado. Su carta a los capellanes militares, sin embargo, no obtuvo el resultado esperado de abrir un nuevo curso de diálogo, sino que dio lugar a una imputación, con el consiguiente procesamiento por apología de delito. Las cada vez más graves condiciones de salud del sacerdote, por desgracia, no le permitieron presentarse al juicio ante el tribunal de Roma. A pesar de que muchos le ofrecieron cubrir los gastos legales, decidió solicitar un abogado de oficio, con la única petición de que este presentara a los jueces una memoria defensiva mediante carta, sin añadir nada más. A raíz de esta cadena de acontecimientos, don Lorenzo se dispuso a redactar una carta de enorme alcance pedagógico y ético acerca de la guerra y la objeción de conciencia. La misiva, tras una breve introducción en la que explicaba los motivos de la ausencia del acusado, se dividía en dos partes principales, en las cuales don Lorenzo expuso sus argumentos primero desde su punto de vista de maestro y después desde el de sacerdote. Las líneas más significativas, sin embargo, siguen siendo las que probablemente representan mejor su pensamiento pedagógico y sacerdotal: “[…] En una pared de nuestra escuela está escrito en grande ‘I care’. Es el lema intraducible de los mejores jóvenes americanos: ‘me importa, me preocupa’. Es lo contrario exacto del lema fascista ‘Me da igual’.”11. Tras el proceso, por decisión de los jueces, don Lorenzo fue absuelto, aunque, tras el recurso de los magistrados, la sentencia fue posteriormente modificada a condena. Esta noticia, sin embargo, no llegó al sacerdote, que ya había fallecido por el agravamiento de sus problemas de salud el 26 de junio de 1967, a los 44 años. Don Lorenzo, no obstante, logró ofrecer al mundo una última reflexión innovadora y vibrante con la que probablemente sea su obra más famosa: “Carta a una maestra”. El texto fue redactado en 1966 y publicado en 1968. Firmada por la “Escuela de Barbiana”, Carta a una maestra era un escrito dirigido más a las familias campesinas que al mundo de la enseñanza. De sus páginas siguen emergiendo hoy todas las temáticas propias de la acción pedagógica y pastoral de don Lorenzo Milani: la lucha de clases por un Evangelio de los pobres y un Reino que pasa necesariamente por su liberación; la acción salvadora y calificadora de la palabra, mediante la cual el pueblo toma posesión de la ciudadanía activa, la única capaz de humanizarlo; la responsabilidad individual, que exige una atención constante a las necesidades del mundo, en particular de los últimos, sin la cual no puede haber salvación para nadie. El trabajo del prior de Barbiana, último entre los últimos, parece hoy más vivo y necesario que nunca. Su testimonio de vida nos recuerda que el mundo no necesita solo técnica y progreso, sino también la aportación fundamental que la fe, la pedagogía, la filosofía y el compromiso cívico pueden ofrecer para sostener al ser humano en su recorrido por la historia. Don Lorenzo nos entrega, a un siglo de su nacimiento, una enseñanza dura y directa, una sacudida enérgica que despierta la conciencia; por ello no podemos dejar de recordar una personalidad como la suya. Si es cierto que la genialidad de los grandes hombres reside a menudo en la capacidad de mirar más allá de su propio tiempo, de buscar soluciones a problemas reales, percibiendo más allá del velo de la realidad y de los conceptos, entonces podemos afirmar que logró rozar una gran verdad: el ser humano vive a través del amor al más débil, en un círculo de afecto y compromiso donativo que nada pide a cambio, salvo la alegría de entregarse, según las enseñanzas de Cristo. En este centenario, por tanto, deseamos una renovada estima y un redescubrimiento de este sacerdote que entregó su breve vida a los oprimidos, para recordar que la flor de la salvación no nace a menudo en el jardín de lujosas villas, sino a veces en el terreno rocoso de lugares remotos y difíciles, en tierras labradas como las de la hermosa Barbiana.
1 Se refiere a la decisión de aceptar dejar San Donato de Calenzano sin oposición, nota del autor.
2 Carta a don Raffaele Bensi — Florencia, Barbiana, 29.12.1954
3 Carta a la señora Carolina — Florencia, San Donato de Calenzano, 12.10.1950
4 Carta a Giampaolo Meucci — Florencia, Barbiana, 2.3.1955
5 Carta a Giampaolo Meucci — Florencia, San Donato de Calenzano, 19.12.1952
6 Carta a Mons. Giuseppe D’Avack — Camerino, Barbiana, 9.11.1958
7 Carta a Gostino — Milán, Barbiana, 17.12.1960
8 Circular del cardenal Florit al Excmo. Obispo Auxiliar, a los camarlengos del Capítulo Metropolitano, a los rectores del Seminario florentino, a los vicarios urbanos y rurales, y para conocimiento de todos los sacerdotes de la Archidiócesis — Florencia, 11.10.1964
9 Comunicado de los capellanes militares toscanos, 11.2.1965
10 Carta a los capellanes militares — Barbiana, 22.2.1965
11Carta a los jueces — Barbiana, 18.10.1965
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