Fundamentos epistemológicos de la Pedagogía de la Reciprocidad – Segunda parte

Capítulo 2: Principios filosóficos

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Davide Amori

2/24/20263 min leer

Martin Buber: el encuentro Yo-Tú como fundamento de la reciprocidad

En lo que respecta a Martin Buber, el individuo se edifica en el encuentro con el otro. En la célebre obra El camino del hombre, el pensador vienés describe de manera incisiva una condición dialógica entre los sujetos, inscrita en una relación auténtica con la alteridad. El punto de partida es la pregunta que el Trascendente dirige a Abraham: «¿Dónde estás?». Para Buber, todo mortal está llamado a tomar conciencia de ocupar un lugar preciso en el mundo, a buscar y descubrir una tarea en el plano existencial¹.

La identidad no es para Buber un dato estable y autónomo, sino un proceso continuamente renovado en el encuentro con el otro. La relación auténtica, que él denomina encuentro Yo-Tú, es lo que hace posible la plena realización del sí mismo. El Yo existe únicamente en la medida en que se dirige al otro no como objeto que utilizar (Yo-Ello), sino como presencia viva que escuchar y acoger. «Solo quien se siente llamado puede responder; y el hombre, en cuanto ser dialógico, es llamado desde el origen»².

En el texto, Buber subraya que la autenticidad del camino humano se juega en la capacidad de permanecer ante el otro, de no eludir el encuentro, de reconocer en la alteridad una vía hacia la plenitud del sí mismo. El encuentro Yo-Tú no es un momento ocasional, sino una orientación del ser. Involucra la totalidad de la persona, generando una reciprocidad que no es simétrica, pero sí real, en la que cada uno resulta transformado por el contacto con el otro.

Esta visión posee profundas implicaciones pedagógicas. La educación, en la perspectiva buberiana, no es transmisión de saberes, sino generación de un espacio relacional en el que cada sujeto es llamado a llegar a ser plenamente sí mismo a través del encuentro. El otro, en cuanto Tú, nunca es reducible a función, a rol o a identidad fija: es siempre exceso, irreductibilidad, revelación. El camino del hombre no ofrece un sistema filosófico cerrado, sino una exhortación ética y espiritual a vivir la existencia como relación. La pregunta «¿Dónde estás?» permanece abierta, dirigida a todo sujeto que desee habitar el mundo de manera responsable y auténtica.

En esta lógica, la reciprocidad no es solamente una categoría pedagógica, sino una orientación ontológica y existencial.

Emmanuel Lévinas: la ética de la responsabilidad hacia el otro

En su reflexión sobre el origen de la ética y de la subjetividad, Emmanuel Lévinas sitúa las raíces de la cuestión en la relación. Eleva el concepto de responsabilidad incondicionada al centro de la dimensión identitaria y moral. En Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad, describe cómo el rostro del Otro representa una instancia fundamental que encarna una interpelación ineludible: «Este infinito, más fuerte que el asesinato, ya nos resiste en su rostro; es su rostro, es la expresión originaria, es la primera palabra: “no matarás”»³.

Tal imperativo ético precede toda forma de saber, todo juicio, todo modelo. Constituye el núcleo mismo del ser y del devenir humano. La constitución del individuo no se sitúa, por tanto, en una conciencia autorreferencial, sino en los horizontes que la alteridad está llamada a ofrecer. El hombre es estructuralmente un ser-para-el-otro, designado a asumir sobre sí la responsabilidad del ser que tiene delante. El rostro es imagen de la humanidad y de la singularidad irreductible del otro: desintegra toda posibilidad de dominio, imponiendo una relación asimétrica. El otro permanece siempre más allá, esquivo a la imposición de las categorías del saber o de la posesión.

En este sentido, se asiste a una auténtica revolución en la naturaleza de la ética. La idea de una ética constituida por relaciones simétricas entre individuos racionales queda invertida. En Lévinas, la ética precede a la ontología: no es acuerdo entre idénticos, sino fundamento mismo de la subjetividad. Es a través de la mirada del otro como el individuo adquiere autoconciencia⁴.

El pensamiento pedagógico, interpelado por estas consideraciones, está llamado a replantear la relación educativa como un espacio ético marcado por una profunda asimetría. El educador, ya no entendido como sujeto-supuesto-saber, es radicalmente responsable de la humanidad del otro. La reciprocidad, por tanto, no coincide con una igualdad formal, sino con el deber inevitable de hacerse cargo del otro, reconociendo su verdad irrepetible. Los principios éticos expuestos por Lévinas orientan hacia la comprensión constitutiva de la relación educativa como lugar de encuentro, reconocimiento y amor. El ser humano no tiene derecho a poseer al otro, sino que está llamado a asumirlo como fin.

Notas

¹ M. Buber, Il cammino dell’uomo, Magnano, Qiqajon, 1990, pp. 3–10.

² M. Buber, Il cammino dell’uomo, Magnano, Qiqajon, 1990, p. 11.

³ E. Lévinas, Totalità e infinito. Saggio sull’esteriorità, Milán, Jaca Book, 2004, p. 204.

⁴ E. Lévinas, Totalità e infinito. Saggio sull’esteriorità, Milán, Jaca Book, 2004.