Fundamentos epistemológicos de la Pedagogía de la Reciprocidad – Tercera parte

Capítulo 3: Narración autobiográfica y construcción de la identidad

ARTICOLI

Davide Amori

3/4/20265 min leer

Jerome Bruner: la identidad como construcción narrativa

En la contemporaneidad, la pedagogía ha experimentado un desarrollo progresivo y significativo a través del concepto de narración, que ha ido configurándose como una función universal e ineludible del proceso de constitución del yo. Jerome Bruner transitó desde una formación de carácter cognitivista hacia una pedagogía basada en el reconocimiento de la importancia intrínseca de una psicología cultural. Los frutos de su trabajo han ofrecido una importante perspectiva teórica sobre la naturaleza de la identidad, delineando un carácter constitutivo profundamente arraigado en la importancia que las historias desempeñan en el desarrollo de este proceso.

Según Bruner, la mente humana no se comporta como un mero procesador de información que examina datos a través de una serie de criterios lógico-matemáticos; por el contrario, construye el significado del mundo y del propio yo mediante un enfoque de carácter narrativo. Los seres humanos reciben relatos, los reorganizan interpretándolos y posteriormente los retransmiten. Este proceso da coherencia a la experiencia y, además, permite la construcción de un yo identitario¹.

En esta obra, el autor especifica que las narraciones no pueden reducirse a simples descripciones de una realidad objetiva. Constituyen, en todos los sentidos, actos cognitivos y simbólicos que no pueden separarse de la cultura en la que inevitablemente están inmersos. La identidad, por tanto, no se caracteriza por una estática incuestionable; posee más bien un carácter dinámico de interpretación del yo y del mundo: «Por lo tanto, la identidad personal debe ser algo más que el reconocimiento de la simple actividad sensoriomotora. Lo que caracteriza la identidad humana es la construcción de un sistema conceptual que organiza una especie de registro de los encuentros activos con el mundo, un registro que se refiere al pasado, pero que también se proyecta hacia el futuro: un yo con una historia y con posibilidades»².

Bruner distingue de manera clara entre dos teorías sobre el funcionamiento de la mente. La primera se basa en el modelo computacional, que estudia el procesamiento de la información de forma codificada y sin ambigüedades. La segunda es el culturalismo, es decir, la idea de que la cultura permite la existencia misma de los procesos que la mente pone en acto. Es esta última, según el autor, la que refleja con mayor fidelidad la complejidad de la experiencia humana y resulta imprescindible en los procesos educativos y formativos.

La narración posee la capacidad de representar una realidad ambigua y a veces contradictoria, mientras que el sujeto, a través de sus capacidades relacionales, aparece como un ser en devenir. Desde esta perspectiva, la narración constituye una clave fundamental para el pensamiento pedagógico.

La Pedagogía de la Reciprocidad asume la narración como una práctica epistémica de primer orden, que permite a los individuos narrarse, entrar en relación y negociar los significados que posibilitan la co-construcción de la identidad a lo largo de trayectorias evolutivas inseparables. La narración, por tanto, no representa solamente un instrumento expresivo; constituye una vocación hacia lo interpersonal. Es un reconocimiento fundamental de la alteridad, a través del cual asistimos a una continua reconstrucción del yo dentro de un contexto situado en el espacio y el tiempo que habita la cultura.

Asumidos estos principios, la práctica educativa en relación con la cuestión narrativa se concreta en ofrecer instrumentos que permitan dar voz a la experiencia. El objetivo es leer y releer la propia historia, medio y fin (inagotable en su tendencia hacia el infinito) de relaciones profundas que necesariamente se fundan en el reconocimiento mutuo. Como puede observarse, comienzan a perfilarse los rasgos de una Pedagogía de la Reciprocidad que hunde sus particularidades en la palabra. Estoy plenamente convencido de que el diálogo y el rostro del otro son dispositivos centrales en la construcción identitaria y en su infinita trayectoria evolutiva.

Theodore Sarbin y Dan McAdams: narración autobiográfica y desarrollo del yo

El paradigma narrativo encontró en los trabajos de Theodore Sarbin y Dan P. McAdams dos contribuciones teóricas fundamentales para comprender la construcción de la identidad a lo largo de todo el ciclo vital. En su obra Narrative Psychology. The Storied Nature of Human Conduct, Sarbin habla por primera vez de homo narrans³. El ser humano deja así de ser simplemente una entidad que actúa sobre el mundo y su realidad —modelando el espacio y el tiempo mediante su voluntad en busca de autorrealización según la antigua visión del homo faber— para convertirse en un ser vivo que atraviesa la vida inmerso en lo contingente, organizando experiencias y significados a través de estructuras narrativas.

Para Sarbin, la narración es la estructura cognitiva y ética mediante la cual los individuos dan sentido a sí mismos y al mundo. Desde esta perspectiva, la identidad no es una realidad fija, sino un relato en devenir, modelado por las relaciones, los roles sociales y el contexto cultural: “I propose the narratory principle: that human beings think, perceive, imagine, and make moral choices according to narrative structures.”⁴

En Identity and Story: Creating Self in Narrative, McAdams recoge conversaciones mantenidas con sus pacientes durante sesiones terapéuticas, lo que permite abrir una reflexión sobre la identidad narrativa y sobre el papel que la práctica de la narración autobiográfica desempeña en los procesos de construcción del yo. Según McAdams, la construcción de la identidad se articula a lo largo de una secuencia evolutiva mediante la cual el sujeto se narra a sí mismo para conferir unidad, dirección y significado a su propia existencia.

“…we believe that people find meaning and purpose in their lives through the construction, internalization, and constant revision of life narratives. Our aim, then, is to find patterns in life narrative.”⁵

La identidad aparece así como una obra abierta, modelada en la relación entre la experiencia vivida y las tramas narrativas que el sujeto construye para interpretarla. La sugerencia que ofrecen Sarbin y McAdams, desde el punto de vista pedagógico, se refiere a la valorización de la narración como práctica formativa. Resulta evidente el valor evolutivo que la narración autobiográfica puede asumir en el contexto educativo. Promover esta práctica constituye, sin duda, uno de los nodos fundamentales de la Pedagogía de la Reciprocidad.

Proporcionar herramientas que fomenten la narración permite releer y reconocer la propia experiencia vivida con el objetivo de ordenar las experiencias, otorgarles significado y observar sus contradicciones, límites y posibilidades. Los instrumentos que estimulan la narración autobiográfica funcionan como una brújula para explorar el espacio y el tiempo del propio recorrido vital y las constelaciones sociales en torno a las cuales gravitamos.

La Pedagogía de la Reciprocidad posee un fuerte carácter narrativo; se sirve de la palabra, de la escucha y de la co-construcción de significado, enfatizando la narración como un acto de cuidado, de reconocimiento mutuo y de corresponsabilidad.

Notas

¹ J. Bruner, La cultura dell’educazione, Milán, Feltrinelli, 2001, pp. 15–56.

² J. Bruner, La cultura dell’educazione, Milán, Feltrinelli, 2001, p. 49.

³ T. R. Sarbin, Narrative Psychology. The Storied Nature of Human Conduct, Nueva York, Praeger, 1986, p. XV.

⁴ T. R. Sarbin, Narrative Psychology. The Storied Nature of Human Conduct, Nueva York, Praeger, 1986, p. 8.

⁵ D. P. McAdams, Identity and Story: Creating Self in Narrative, Washington, APA, 2006, p. 106.